Cuando vine, tenía una lista de cosas por hacer. Que me detuviera la policía no estaba en ella, pero en retrospectiva, fue una experiencia interesante. Y no se preocupen, no fue nada serio.

Hace como dos semanas decidí comprarme una bicicleta. Caminar a la universidad no está mal, pero cuando sumas una hora de caminata por día te das cuenta de que eso es bastante tiempo perdido. El autobús es más rápido, pero costaría como 400 yenes por día y estaría atada a su horario; si me pierdo un autobús, me fregué. Por lo tanto, decidí comprarme una bicicleta de 10,000 yenes.

El Anamóbil, un vehículo revolucionario que no produce gases de efecto invernadero.

El Anamóbil, un vehículo revolucionario que no produce gases de efecto invernadero.

Hace dos días, mientras le quitaba el seguro a mi bicicleta para ir a la universidad, vi a Rin salir del dormitorio casi a la carrera. En lo que se acercó por la calle le pregunté qué había pasado.

—Me quedé dormida. ¡Voy a llegar tarde y hoy tengo un examen!

Y bueno, ahí estaba yo, con una bicicleta y dirigida al mismo destino que ella. En la reunión de bienvenida los profesores nos advirtieron que no debíamos llevar a nadie o ir con nadie en una bicicleta para una sola persona porque, lo crean o no, es ilegal. Lo ves a cada rato en los anime e incluso en la vida real; la policía raras veces detiene a la gente que lo hace porque es una tontería y, en cierto modo, un símbolo de la juventud. Sin embargo, como nosotros somos extranjeros, es mejor evitar problemas por más pequeños que sean.

Claro, no soy lo bastante sabia para seguir los consejos de mis mayores y Rin ha sido demasiado buena conmigo como para no ayudarla cuando lo necesita. Así que la advertencia sencillamente desapareció.

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Los japoneses que he conocido hasta ahora son geniales: son amables, atentos, divertidos… y les encanta preguntar a los extranjeros:

—¿Alguna vez has comido natto?

A lo que el pobre gaijin sonreirá con nerviosismo y negará con la cabeza, sin saber que en los próximos cinco segundos aparecerá un recipiente lleno de una de las comidas más extrañas del planeta: natto.

natto 1

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Cuando mi universidad seleccionó a todos los candidatos que irían a estudiar, nos hicieron sentar en un salón y nos advirtieron de lo diferentes que iban a ser las cosas. Venía preparada para eso, pero cuando abrí la puerta de mi baño, no esperaba ver esto:

Mi inodoro habla

¿Ves? Mi inodoro tiene botones. BOTONES. Calienta el asiento, te limpia, te seca, y creo que hasta puede poner música. Y, no sé si es que estoy loca, pero juraría que cada vez que entro al baño, me saluda. Es más inteligente que mi teléfono.

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Pues es oficial: me voy a Japón.

En abril, apliqué para estudiar un semestre de intercambio, pero no quise decir nada porque la competencia era dura y no creía que me seleccionaran. Pasé la primera entrevista en abril, la segunda en junio. Mi universidad me recomendó para el intercambio y, un mes después, recibí la carta de admisión con el certificado de elegibilidad, el cual debía llevar al consulado para que emitieran la visa. Solo cuando abrí el pasaporte y vi la visa (la foto quedó horrible, por cierto), me di cuenta de que ya había completado todos los pasos y solo me quedaba subirme al avión.

La siguiente hora estuvo llena de pensamientos incoherentes en inglés, español y japonés de lo emocionada que estaba. Es la primera vez que voy. ¡No aguanto las ansias!

Algunos detalles sobre mi travesía

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Hace algunos meses, hice una entrada sobre las ventajas y desventajas de estudiar en una clase vs. estudiar por cuenta propia. Mis observaciones se mantienen: aprender japonés a través de una clase es casi imposible, ya que el ritmo de enseñanza es bastante lento y no se emplean técnicas adecuadas para memorizar kanji. Por otro lado, aunque aprender por cuenta propia te da una flexibilidad increíble, es bastante difícil mantenerse motivado y también es complicado encontrar a alguien para despejar cualquier duda.

Curiosamente, la debilidad de una es la fortaleza de la otra. ¿Por qué contentarse con seguir un solo camino cuando puedes combinar ambos métodos? Si hay una clase disponible en tu zona, investiga al respecto y, si te convence, tómala. Aquí te dejo unos tips para que le saques el mayor provecho posible.

studying

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Hace unos meses, hice una entrada alabando las bondades de los programas de repaso espaciado como Anki. Porque en serio, es genial, y definitivamente creo que todo estudiante de japonés debería usar herramientas así. Está demostrado que las técnicas empleadas ayudan a retener información por más tiempo.

Sin embargo, me he dado cuenta de que muchos no solo usan programas de repaso espaciado, sino que también abusan de ellos. Pasan horas y horas frente a la pantalla, aprendiendo palabras nuevas como 不変の理 (verdad eterna) cuando no pueden preguntar dónde está el baño, o en qué calle está cierta tienda.

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Cuando una persona usa estos programas para solventar todas sus necesidades, como si fuera alguna suerte de navaja suiza, aparecen los problemas. Puede que las navajas suizas tengan muchas herramientas, pero esto no quiere decir que dichas herramientas sirvan para todos los propósitos. Dentro de su versatilidad, esconden grandes limitaciones. Del mismo modo, no puedes aprender japonés solo sentándote y repitiendo palabras una y otra vez. ¿Dónde está el contexto? ¿Dónde está la práctica?

Con esto en mente, decidí hacer esta pequeña entrada para señalar los errores que comenten los usuarios de programas como Anki.

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Cuando pensamos en Japón, muchos de nosotros conjuramos imágenes de un país igualitario y homogéneo, una imagen ficticia que busca ocultar la diversidad de su gente. El país es un poco más grande que Alemania y el Reino Unido, y un poco más pequeño que Francia y España, pero ¿sabías que solo 1/3 del territorio de Japón es habitable debido a su geografía montañosa? Además, Japón tiene casi 7000 islas, unas cuantas de ellas habitadas. Debido a su territorio desigual, Japón tiene una densidad demográfica mucho más alta que los países mencionados y sus regiones están claramente delineadas, dando lugar a diversos hábitos alimenticios, tradiciones, tipos de vivienda, dialectos, etc., según el tipo de región que se estudie. Japón dista mucho de ser homogéneo, al menos a nivel cultural.

A nivel étnico y pseudo-étnico también hay cierta diversidad. Hokkaido, la isla más septentrional de Japón y hogar de los ainu, no pasó a ser parte del imperio sino hasta 1869; lo mismo con las Islas Ryukyu, que hasta ese entonces habían sido un reino independiente. Algunos de los habitantes de estas regiones ni siquiera se consideran japoneses y conservan sus propias costumbres e idiomas, que el gobierno intentó erradicar durante la Era Meiji. En los primeros años del siglo XX, Japón incorporó a Corea también, y hoy por hoy existen comunidades de coreanos, descendientes de aquellos que fueron traídos como mano de obra barata. No nos olvidemos de los taiwaneses y los chinos, que también fueron traídos alrededor de esa época. Curiosamente, también encontrarás una comunidad brasilera bastante nutrida, producto de un intercambio laboral que se dio en el pasado siglo.

Los ainu

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