Una de las cosas más difíciles y frustrantes es saltar de los libros de texto diseñados para estudiantes a material creado para el público japonés. Al hacerlo, nos encontramos con que no existe ningún libro capaz de matizar todos los aspectos de la gramática japonesa, y aunque así fuera, nos pasaríamos una eternidad leyéndolo. Así que lo que nos toca es cerrar el libro, abrir la puerta de una patada y enfrentarnos a ese mundo desconocido.

¿Pero por dónde empezamos? ¿Nos internamos en el bosque Dorama? ¿Nos dirigimos hacia el Mar Manga, que ha cobrado tantas vidas jóvenes? No, a lo lejos ves tu destino, y ese es…

El Valle de los Videojuegos. よこそう :D

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Me la paso diciendo que la forma en que se enseñan los kanji está mal: mediante memorización en lugar de auténtico aprendizaje, caligrafías largas y tediosas, patrones sin sentido, y un muy largo etcétera. Cierto, me la paso denunciando esto y diciéndole a cuanto estudiante de japonés me encuentro que debe cambiar la forma en que estudia kanji, pero nunca he escrito con exactitud cómo yo aprendí kanji, y eso es un descaro total de mi parte. Así que me decidí a escribir esta entrada con la esperanza de que pueda serle de utilidad a alguien.

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Para los japoneses, uno de los aspectos más importantes de la sociedad es la armonía, y han elaborado diferentes códigos de conducta con el fin de preservarla y aumentar el grado de colaboración entre las personas. Uno de estos códigos de conducta es la interacción del Honne (本音) y el Tatemae (建前), que vendrían representando la dicotomía entre el verdadero deseo y lo que el individuo exterioriza, siendo esto último algo que se adapte a las convenciones sociales y no necesariamente que se ajuste a sus deseos. Son dos conceptos muy importantes que sirven de lubricante social.

Honne está escrito con los caracteres real y sonido, por lo que podría interpretarse como los verdaderos pensamientos, opiniones, deseos e intenciones del individuo. Puede ser contrario a lo que esperan los demás o a lo que se requiere de la persona , por lo que comúnmente no se expresa sino entre amigos muy cercanos, si es que se expresa en absoluto.

Por el contrario, tatemae, usualmente traducido como fachada, es aquello que el individuo expresa dentro de las convenciones sociales y lo aceptable, razón por la cual no necesariamente coincide con el honne. De hecho, casi siempre está en conflicto con él.

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Ya casi se han cumplido dos meses desde que cambié de carrera y uno desde que comenzó el semestre, y creo que tengo una idea bastante clara de cómo funcionan las clases. Antes de asignarme un nivel, me hicieron un examen y una entrevista. En el examen me fue muy bien. En la entrevista… bueno, no tan bien: nunca antes había hablado japonés. Una de las profesoras, una señora muy amable llamada Masako Kubota, me dijo que era bastante común que la expresión oral fuera el área deficiente para los autodidactas y me dijo que no me preocupara, que mejoraría con la práctica. Me recomendó que comenzara en un nivel más bajo para ir desarrollando mi habilidad y que luego, si me iba bien en ese aspecto, podía saltar un nivel. Acepté. De nada me sirve saberme tantas estructuras gramaticales cuando no puedo usarlas.

Ya con un mes de haber iniciado el curso, creo que tengo suficiente experiencia para señalar las ventajas y desventajas entre ser autodidacta y estudiar en una clase. Empecemos por la más reciente.

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No se necesita ser psicólogo para entender que, a pesar de que nuestros cerebros tienen una gran capacidad de retención, olvidamos muchas cosas. Demasiadas. Comencé a darme cuenta durante mi primer semestre en la universidad que olvidaba una buena parte del contenido que tanto me había empeñado en aprender, y de inmediato me puse a buscar una forma de retener el conocimiento sin tener que pasar cinco horas diarias estudiando. Por suerte, no tuve que buscar mucho; ya había personas con la misma preocupación que yo y habían diseñado soluciones basadas en estudios psicológicos: la repetición espaciada.

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La lectura es el aspecto al que el estudiante de japonés promedio le tiene más miedo. Basta con abrir un sitio web japonés para que los kanji dancen en la pantalla y se mezclen unos con otros, una experiencia desmoralizadora (y hasta traumática). La cosa es: se sabe que las personas que leen de forma frecuente tienen un léxico más amplio y pueden hacer uso de un lenguaje muy cuidado. Leer es un medio para aprender vocabulario y gramática aplicables en casi cualquier tipo de situación. Entonces, nos encontramos en un círculo vicioso: necesito aprender más vocabulario y gramática para entender lo que leo, pero necesito leer para aprender más vocabulario y gramática.

Pero solo entramos en ese círculo si los recursos que usamos están muy por encima de nuestro nivel. Hay que bajar el grado de dificultad para que la lectura nos resulte desafiante, pero no imposible. He aquí una lista de material de lectura para quien esté empezando a leer japonés.

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Me disculpo por desaparecer sin avisar. Esta es la segunda interrupción que atraviesa esta página. Como la primera, está parcialmente justificada. Me siento tentada a no decir nada para no aburrirlos con mi vida personal, pero creo que les debo una explicación a aquellos que aún revisan el blog, y quizás ofrecer algo de aliento a aquellos que estén en medio de una de esas encrucijadas de la vida.

Soy Venezolana, pero me mudé a los Estados Unidos tan pronto me gradué de bachillerato. Aún con la mentalidad de Venezuela, donde tan solo hay un puñado de carreras por escoger, me decanté por medicina. Era una decisión lógica desde mi punto de vista: me encantaban las ciencias naturales y el prospecto de usar mis habilidades para ayudar a otros me entusiasmaba; lógica, pero superficial. No tomé en cuenta mis otros intereses, y esto me golpeó muy duro después porque me di cuenta de que esos intereses no eran hobbies, sino mi auténtica vocación. Y tuve que abandonarlos: dejé de escribir, cosa que me encanta, dejé de actualizar el blog, y reduje mis lecciones de japonés al mínimo. Porque, total, ya no me sería posible viajar a Japón.

Así estuve por más de un año, sintiéndome cada vez más perdida y vacía. Sí, me encantaban las ciencias, ¿pero de verdad tenía que sacrificar lo otro? ¿Y qué de todas las cosas que quería disfrutar? Y que conste, no me iba mal en la carrera. Tenía excelentes calificaciones y, tras tres años de estudiar biología, una admisión casi segura en la escuela de medicina de mi preferencia. Pero igual me sentía asustada, no solo por lo ya mencionado, sino porque para estudiar en esa escuela tendría que endeudarme hasta el cuello. Además, oía historias de horror con respecto al sistema de salud norteamericano. Aquí si no tienes seguro, estás más o menos fregado, y yo no podría decirle a alguien que no podía tratarlo si no le paga al hospital. Vamos, ¿dónde quedó el juramento hipocrático?

Pues bien, estaba en una especie de encrucijada: ¿continuar o retroceder?

Y un día, de la nada, lo entendí: entendí que mi vocación en sí no era la medicina ni las ciencias naturales. Esas cosas me llamaron la atención porque soy curiosa por naturaleza, y me la paso mucho tiempo leyendo para entender el mundo que me rodea. No obstante, así como también leo material científico, también es cierto que me encanta leer obras de ficción, trasladarme a otros mundos, experimentar otras culturas. Probablemente por eso me interesé tanto en Japón, porque desde mi perspectiva occidental su cultura es tan exótica y fascinante que me resulta irresistible. Esa es mi verdadera vocación.

Me salí de la clase antes de que terminara y me dirigí al departamento de admisión y matriculación con la intención de cambiarme de carrera. La señora que me atendió ni siquiera parpadeó cuando se lo dije, ni me preguntó si había hablado con un asesor. Nada, solo me dio los papeles que tenía que llenar. Puse que haría una doble carrera: Estudios Asiáticos y Traducción e Interpretación.

¿Por qué Estudios Asiáticos? Porque esa carrera me permitirá ahondar mis conocimientos en materia de lenguaje y cultura, así como irme a Japón como estudiante internacional por un periodo de un semestre o un año. Intentaré que esto se cumpla para el 2014. A lo mejor incluso puedo cursar el posgrado por allá, cosa que tendría todo el sentido del mundo y me encantaría. También elegí Traducción e Interpretación porque quiero compartir mi fascinación con aquellos que no puedan entender el idioma, y porque he realizado traducciones del inglés al español como voluntaria y encontré que lo disfruto de una manera que no puede ser legal. También seguiré escribiendo sobre lo que tanto me gusta: fantasía.

No diré que cambiar de carrera fue fácil. Algunos de mis amigos se sorprendieron e incluso me dijeron que estaba loca, que cómo iba a tirar mi futuro así, que de qué voy a vivir. Quizás esté loca, y qué se le va a hacer. El mercado de la traducción es grande, pero también feroz: no hay garantía de que pueda abrirme un hueco en él. Lo cierto es que siento que se me ha quitado un gran peso de encima, que ahora sí tendré la oportunidad de estar feliz con mi carrera y que si no puedo trabajar como freelancer, algo se me ocurrirá. Para algo tengo cabeza.

Bueno, también tendré tiempo para actualizar el blog. Comenzaré despacio, con una o dos entradas de por mes. Aún no estoy muy segura sobre lo que debería escribir, pero prometo que será de calidad y espero ayude a más de un estudiante de japonés por ahí.

じゃ、また!

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